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latejapride*

Versos y efectos desde un caos futurista, electrónico, local

Publicado el 30 de septiembre de 2012

Fuente: El Observador

Con el pulso bailable integrado y un homenaje a viejos sonidos que suena más actual que nada que hayan editado antes, Latejapride, la banda de hip hop más importante del país avanza en su desarrollo con un sonido sólido y adictivo

Por Sebastián Auyanet @sebauyanet

Costó un buen tiempo que la humanidad se desayunara de que la música electrónica no era la del futuro, ni lo que iba a venir. “Es interesante pero no es para hoy”, se decía incluso en los años noventa, cuando el house ya era una realidad y la electrónica era tan cotidiana como los sonidos del Nintendo. que acompañaban la cotidianidad de los niños de entonces. “No hay futuro, porque la electrónica es la música del presente”, dice Javier Blánquez en su libro Loops, una historia de la música electrónica.

De aquellos primeros próceres del mundo electrónico que incidieron en el mundo del rock como Kraftwerk o Depeche Mode (por poner dos ejemplos parecidos pero opuestos) se puede obtener una idea real del concepto futurista o, mejor dicho de ciencia ficción que ha acompañado desde entonces a la electrónica en muchas de sus expresiones (aquel concepto futurista es hoy una cosa retro o nostálgica, en realidad).

Entonces, eso hoy suena a recuerdos y a actualidad al mismo tiempo. Aquellos primeros síntomas de sonido electrónico han sido rescatados en, por lo menos, los últimos cinco años en bandas como MGMT o Crystal Castles, con conceptos también en buena medida apoyados en sonidos bien primarios que recuerdan a esos de 8 bits de las consolas a las que los niños jugaban en los 90. De ahí que La Teja Pride -cuyos músicos están todos alrededor de la treintena- celebre deliberadamente en un texto dentro del disco, su paquete de sonidos basados en aquellos sintetizadores analógicos que en aquellas épocas hasta nombraban bandas por sí solos. Y también esos sonidos de videojuego, que son uno de los ejes del disco. “Este disco es hijo de su tiempo, del tiempo que fue”, señalan en parte de ese texto del librillo que acompaña a la edición local del sello Bizarro.

“La música electrónica de baile” es, según el crítico y escritor Simon Reynolds, una música física, que toma los reflejos psicomotrices y tira de los pulmones. “Esto no quiere decir que sea una música descerebrada”, avisa Reynolds. Este costado de la definición parece calzar bien con La Teja Pride, una de las bandas más reflexivas y profundas a partir de una música surgida obviamente -todo el hip hop lo es- de la electrónica. Y también una banda que desde su disco Nómades (Bizarro, 2009) comenzó a despertar mucho más el baile, evidentemente incorporado en su ADN desde los inicios del grupo.

Lírica mística

Las palabras y la tormenta es un disco plagado de efectos sintéticos, efectos, riffs y con algunos llamamientos al glitch que en tiempos fermentales de la electrónica generaban artistas a partir de crujidos y chirridos efectuados desde, por ejemplo, software dañado y otros artefactos en mal estado. Pero detenerse durante tantas líneas en la música podría hacer pensar que la poética de La Teja Pride queda en este caso en segundo plano.

Esto, previsible ante un disco en el que la principal novedad es la generación de un sonido novedoso en la carrera de la banda sería, de todas formas, una mentira. De hecho, si las letras no tuvieran un qué ver no habría un disco llamado Las palabras y la tormenta en las bateas uruguayas.

Los “tejos”, grupo en el que el armado de las letras recae sobre Leo y Davich Mattioli, tiene sus puntos más altos en cuanto a nivel confesional y personal en el recorrido que va desde la primera canción hasta, por lo menos, Un minuto. “Ando viendo cómo ir haciendo para no estar siempre corriendo”, canta Nicolás Barragán, que desde su incorporación formal añadió con su voz un costado de alguna manera más pop a la música del grupo. La monotonía en los tonos de voz de los MCs no es un problema, ya que la música y la palabra son en este caso las que concentran la atención. Pero tampoco se podría decir que Las palabras y la tormenta es un disco más personal o confesional que otros. En realidad, La Teja aplica su rigor literario en crónicas que pueden contarse desde el yo o en tercera persona, siguiendo a alguno de los personajes de la ciudad por ese entorno que hace años dejó de ser siquiera montevideano. Sin dejar de llevar la marca de la ciudad en un ánimo que cruza esa profundidad de reflexión con las declaraciones de principios de pulso bailable y ahora moderno, La Teja Pride tiene ahora un sonido que debería abrirle más puertas hacia afuera. Como en cada disco, el grupo se ha manejado para dar un paso más hacia adelante en un ejercicio que parece casi natural a estas alturas. Es un privilegio para la ciudad que su banda más conocida de hip hop transite estos caminos sin renunciar a todas las esencias que lo definen, incluso las locales, sonando a la vez mundiales.

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