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Lecturas

Publicado el 28 de octubre de 2006

  • Rayuela
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    Julio Cortazar

A medida que el siglo XX madura, prosperan ideas europeas que consideran al lector como fundamental en la génesis de la obra literaria. Años antes de la publicación de Rayuela, José María Castellet reelabora y sintetiza esas ideas en una obra clave en la crítica española; La hora del lector, Barcelona, Seix Barral 1957. Cortázar, sin embargo parece estar destinado para poner en práctica, en la obra de creación hispano americana lo que ya estaba latente.

Cortazar trabajando

En su soledad de París, Horacio intenta la comprensión de otro ser paralelo: Morelli, el escritor sin amigos y sin lectores. No obstante, en sus teorías literarias encontramos el manifiesto de Cortázar en lo que atañe a literatura de liberación. Ante las acongojantes visicitudes del siglo XX, el intelectual se encuentra en solitario, perseguido muchas veces por la izquierda y la derecha, por el gobierno constituido y por convenciones sociales. Para él la mayoría de las veces, solamente le queda el lector como meta de comunicación. Ahora bien, este lector está masificado, acosado por los medios de información modernos. El autor no puede permanecer en la misma situación de superioridad que el narrador tradicional; tiene que hacer un pequeño esfuerzo para atraerse la confianza del lector. Para contar las penas al semejante hay que acudir a la ocasión propicia, para que el interlocutor comparta las congojas. El autor debe procurar estar en el mismo tiempo que el lector, a su altura y en su mundo. Morelli parece entregarse a la búsqueda de esta solución: "Intentar en cambio un texto que no agarre al lector pero que lo vuelva obligadamente cómplice al murmurarle, por debajo del desarrollo convencional, otros rumbos esotéricos". No se trata de un "mensaje", sino de una conversación entre "mensajeros". Para Cortázar no hay novela sin lector- creador.
La literatura es vida compartida, "puente vivo de hombre a hombre y que el tratado o el ensayo sólo permite entre especialistas". Lo que persigue Morelli- Cortázar es poner al lector en una situación personal, en un contacto directo, sin barreras de tesis o mensajes psicológicos. En síntesis, Morelli expresa la sublime intención de Cortázar: "Por lo que a mí respecta, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo". Naturalmente, el lector entonces tiene que dejar de ser un ente pasivo que adquiere la obra, la almacena, la vuelve a tomar entre sus manos, la lee y la elimina. No es así la intención del autor, sino que aspira a mucho más: "Hacer del lector un cómplice, un camarada de camino. Simultanearlo, puesto que la lectura abolirá el tiempo del lector y lo trasladará al del autor. Así podrá llegar a ser copartícipe y copaciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma". Morelli-Cortázar no intenta la construcción de un personaje al modo tradicional, sino que pretende que el lector contribuya a dar la dimensión completa de los seres que deambulan por la novela. Para convertir un ser plano en uno denso también cuenta con la fuerza del lector, con todas sus experiencias, pero también con todas las debilidades, con todas sus limitaciones. Con la forja de una situación límite, Cortázar va a conseguir la concreción de su solitario personaje, al mismo tiempo que logrará la definitiva cooperación del lector y la sublimación del doble. A mitad de camino, como dos parlamentarios antes de la batalla, cada uno con sus armas, el autor y el lector deben colocar las diversas piezas de la obra. A mitad camino entre dos edificios coloca también Cortázar a Horacio y Traveler. La situación límite en su obra adquiere dimensiones dificilmente superables. Para llegar al encuentro es necesario volver la vista atrás.

texto estraido de ctv.es