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latejapride*

Lecturas

Publicado el 6 de abril de 2009

  • Ebano
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    Ryszard Kapuncinski

¿Qué diferencia hay entre un buen y un mal ebanista? La pasión, el amor por el trabajo, el cariño por cada veta de la madera. El buen ebanista tratará con mimo y casi adorará cuando se encuentre un buen mueble de caoba, de madera de grano fino, resitente a las termitas, joya de la ebanistería. Las horas con la gubia inclinado en el banco de trabajo serán pocas y casi deseará que transcurran veloces las horas del sueño para realizar el siguiente taraceado en la madera.

Ryszard Kapuncinski era un gran ebanista de las letras. Esta mañana con la taza de café al lado, terminé de leer el último de los artículos que compone su magnífico libro de reportajes, Ébano. Cada una de las colas de milano con las que va uniendo cada palabra, cada frase está hecha con tanta pasión que es imposible decir al leer el último punto del libro, que este polaco no amó la multicultural y caleidoscópica África.

Se asomó al país de la única forma que es posible hacerlo en las calles, con el polvo, el calor asfixiante, entre tableteos de ametralladoras, entre la gente, en los autobuses... lejos de los complejos hoteleros, los safaris, las excursiones con porteadores. Llegó hasta sus entrañas, apoyó su cabeza en el corazón hambriento y dolorido de África y intentó explicar sin ceder a presiones, intereses y partidos el porqué de su sangre, sus lágrimas.

Incluso él reconoce que se quedó lejos de conocer todo lo que escondía este continente. Pero en esos pasos que le quedaron para llegara a la comprensión de la identidad africana nos llevó de la mano a todos nosotros como el mejor guía de África. Un continente en que la supervivencia forma parte de la rutina y que este periodista polaco intentó comprender derrochando todas sus fuerzas. Lo demostró con cada taraceado de pluma, con cada palabra, frase y artículo con el que construye Ébano, un libro de la mejor madera.

Fuente: libro de arena