foto cabezal

latejapride*

Con las manos en alto y bailando

Publicado el 21 de octubre

Fuente: Hoy es rock

Comienzo de fin de semana con los tejos. Proveniente del oeste montevideano, no deja de llenarme de orgullo y no sé a esta altura qué tan objetiva podría ser. Cómo olvidar la primera vez que los vi, junto a la Coff Coff, o una nota entrañable en un estudio ya saliendo su disco “Nómades”. Es que estos chicos, de barrio, no dejan de cautivarnos con su filosofía hip hopera, y es imposible no sólo ya encariñarse, sino sentirse parte, aunque sea un poquito, de la familia tejapride*.

Cazadores de Gigantes, su nuevo disco, se presentaba en la Trastienda, con un clima ecléctico y amigable, en una noche primaveral fría, que se acaloró de músicas y ritmos ni bien subió el dj Sonidero Mandinga. Allí pudimos escuchar desde el Himno Nacional, que no fue cantado pero sí aplaudido, hasta algunas palabras de Mujica, entre otras variedades de reggae.

Cazar gigantes se me representa como un juego de niños, o no tan niños. Jóvenes treintones aún frescos, ávidos de experiencias. Gigantes a los que cazar en nuestras mentes o en las mentes de otros, despertar, caminar, a veces incluso patear, sublevarse a uno mismo, pensar, o simplemente ser, son, en el mundo en el que vivimos, prácticamente una osadía.

Con una intro muy potente, la presentación estuvo a cargo de un instrumental de bajo, batería y guitarra, a cargo de Álvaro Grasso, Flavio Galmarini, y Sebastián Cuello, respectivamente. Para luego dar paso a los mc´s Barragán y Davich, y a Leonard Tejo Mattioli en las pistas y scratch.

Bajo una luminaria de azules y verdes, humo, y una pantalla gigante que dejó ver ahora imágenes celulares, otrora medusas, arrancaban con Hora de Andar, de su disco Las palabras y la tormenta, sólo para salir del pantano. Meter toda la euforia. Sacar todo el verso. Agua para todos. Al cazar el primer gigante nos encontramos con que la suerte no siempre está echada, demostrándonos que la vida siempre tiene una vuelta que dar, en esta historia de difíciles transiciones, y ver para qué estamos y para lo que no puede ser algo que bien puede cambiar.

Del disco Nómades. Entre Nosotros ustedes, nos hacía recordar que esto, como en la vida recién está por arrancar. La noche recién empezaba, y prometía no tan sólo una fiesta dulce sino una forma de pensar que nos acompañaría, junto a la letra de los tejos, en un vaivén de regreso a casa con melodías pegadizas para enfrentar un nuevo día.
Otro gigante que vamos llevando a cacundas, Llevándola. ¿Quién no se sintió alguna vez que la estaba llevando? ¿Qué la iba remando? Es este acercamiento filosofal al público lo que hace que los tejos sean parte del quehacer cotidiano, que se nos metan en la boca para cantar esa parte que nos conocemos y pensar esa que tantas veces escuchamos.
En el disco sale como primer gigante Hoy voy a patear, sin duda con una letra muy emotiva y por qué no aleccionadora en la que Barragán cuenta: Amor no te preocupes por mí, papá es feliz siempre que tu estés aquí. Estoy haciendo lo que un día quise. Aunque esté peleando con las nubes grises.

Otros gigantes fueron Carroñeros, y luego de éste Ansiedad, junto a Sapo Gamboa, de Contra las Cuerdas, donde aprendimos de la hermandad que no tiene sangre, el respeto y los valores que van más allá de un rato compartido en el escenario, y duran toda una vida, con el abrazo correspondiente.
De pronto las luces tenues y la voz angelical y sencilla, que no necesita de artilugios para ser sensual de Lorena Nader, interpretando a Solas, Nadie se da Cuenta y Estelar, después de tanto tiempo.
Santi Mustafá de invitado hizo una gran versión de Mejor Arte junto a Daniel Anselmi -productor tejo copado- en sintes, del viejo disco Efecto Dominó. Luego seguiría Cosmonauta, Gigante en sí mismo, mientras en cada canción había una ida y vuelta desde la banda hasta la gente desde la gente hasta la banda, aplaudiendo y levantando las manos. Bailando y bailando. La noche se fue cerrando con Ganarle a la ciudad y Esquivando Penas. No sin antes despedirse con un último gigante: Arde.

Porque Arde toda la cuidad. Esa misma ciudad que a veces nos desmotiva, complica y envenena. Arde la ciudad entera. Y sin agrotóxicos en la mente de ninguno, contentos, salimos volando, como quien ya tiene alas para poder volar.

Por Xime de Coster
Fotos: Pablo Gonzáles
La Trastienda Club Montevideo
23 de setiembre de 2016

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